A Las Vegas conmigo misma

Bienvenidos a Las Vegas
Si bien muchas veces uno puede haber visto en alguna película o en la tele, creo que nada te prepara para una primera impresión de Las Vegas.
Es como vivir una híper-realidad, una conjunción de tantas cosas: la estatua de la libertad, la torre Eiffel, la pirámide de Egipto, etc. Hay un poco de todo, para los más diversos gustos.
Pareciera estar diseñada para mantener a casi todos entretenidos y distraídos  del mundo “real” que está afuera de los bordes de la misma.

Un poco de Francia
Un poco de New York
Un poco de Grecia

No hay otro lugar en Estados Unidos que se haya reinventado a si mismo tantas veces, especialmente en un corto periodo de tiempo, como Las Vegas.

Un poco de tecnología

Las Vegas es, en su mayor parte, una ciudad casual. Aunque existen unos pocos lugares que tienen restricciones respecto a la vestimenta a la hora de ingresar, la mayoría te dejan entrar “tal cual estés vestido”. Algunas personas eligen vestirse de gala durante la noche, lo cual da como resultado una extraña dicotomía en la cual se puede ver en un mismo lugar a la misma hora, por un lado algunas personas vestidas de gala y sentadas alado de otras vestidas de manera más informal.
Es una ciudad de 24 horas, si bien se encuentra en el medio del desierto, en la que se puede encontrar algo para comer o beber en cualquier momento.

Varieté. Que no te agarre la “sed” de “justo lo que no hay”.
Si, Las Vegas es la ciudad de “los pecados”

En fin, es una ciudad construida con el concepto de “máximo consumo” en lo que sea. Agua, electricidad, comida, bebidas, alcohol, prostitución, etc.
Esto del máximo consumo me deja pensando bastante. Me da la impresión como si en Las Vegas se encarnaría el concepto mismo de capitalismo, materialidad, artificialidad (llevado a un punto extremo). Como si esta ciudad  simbolizaría lo que es la “época posmoderna” en algunas sociedades:

“Se terminó el arte” según este cartel

Una época que se caracteriza sobre todo por una expansión de la cultura de la imagen que satura la vida cotidiana. En la que hay una primacía de la multiplicidad de estímulos por sobre la capacidad de elaborarlos o discriminarlos.

Demasiado que ya cansa.

Una época en la que hay una pasivización de los individuos respecto de la cultura y la vida social. En la cual el dominio de la sociedad del espectáculo refuerza su condición de “espectador” entusiasmado por la contemplación de imágenes  y crecientemente dificultado en la distinción entre realidad y virtualidad. Construyéndose de esta manera un individuo no crítico, librado a sí mismo, abierto únicamente al aquí y ahora.  En las que las personas quedan sometidas a diversas estrategias de información y de consumo que generan la sensación subjetiva de un “lleno” sobre la vivencia de un vacío en relación con los otros. En la que aparece un dominio del valor de cambio sobre el valor de uso,  tanto en los objetos cotidianos del consumo, como en el trato con las demás personas.

Las personas como objetos?
Mujeres que muestran sus escotes voluptusosos en casi todos los casinos y hoteles

Época en la cual el dominio del cambio y la sobrevaloración de lo nuevo y lo último impregnan las relaciones afectivas, en la que abundan las propuestas para tapar las faltas que perturban la vida, para llenar aquellos vacíos que angustian, que desorientan.  Dónde vemos como las personas valen por el precio de lo que consumen o por el precio de lo que producen (donde “alguien vale por lo que gana y no gana por lo que vale”)

La copia de la estatua de la libertad I
Y la copia de la copia de la estatua de la libertad, construida a base de… ¡mas cosas para consumir!

Época en la que la sexualidad del espectáculo invade la vida cotidiana a través de la sobreabundancia de sus imágenes, al mismo tiempo que empobrece la sexualidad en las relaciones de los individuos, haciendo que primen los encuentros sexuales por sobre los intersubjetivos.

Estas tarjetitas de mujeres que se prostituyen estan por todos lados
Los que reparten en las calles las tarjetitas de las mujeres

La superficialidad de los afectos, la ausencia de compromiso emocional, las relaciones intensas pero fugaces entre parejas, se asemejan en mucho a  los tiempos del video clip, el ritmo acelerado de los programas de tv o el zapping de la televisión como modalidades de encuentro con los otros. La importancia que la experiencia intersubjetiva se ve achatada por una subjetividad aferrada a lo superficial y homogéneo.

Época donde la sexualidad ha salido de los placares. De un secreto paso a ser un preciado objeto de consumo. Transformándose en una sexualidad evanescente fácil de ser intercambiada en el mercado de las relaciones sexuales, tomando formas cercanas a lo maquinico. Una sexualidad que pierde los caracteres de la ternura para hacerse pura descarga de excitación.

Lo que te podés encontrar chusmeando en distintos negocios
Diversas formas de vivir la sexualidad en Las Vegas

Los medios de comunicación son solidarios con el mercado global, encargándose de hacernos saber que es lo último de lo que cada uno carece, y la esclavitud a los nuevos objetos de moda pareciera ser un modo de apaciguar la sensación de estar fuera de lugar.

Sin lugar para más pines

Finalizando, quiero destacar que si bien cada  aparato psíquico procesa información  con sus múltiples inscripciones y si bien cada persona en este mundo guiará su búsqueda desde intereses singulares y procesará la información recibida con los modos particulares que sus subjetividades les posibiliten, no se puede dejar de lado el gran impacto que tienen las coyunturas histórico-politico-sociales en las cuales cada quien se encuentra inmerso.
Entonces: ante el planteo de esta problemática “épocal” que me llevo a pensar el simple propósito de querer describir Las Vegas, se me ocurre una última pregunta para seguir pensando: ¿Hasta qué punto estoy (y estamos) dejando lugar a nuestro propio deseo, a nuestros intereses particulares, a nuestra subjetividad?…
Entiendo que con el simple acto de ir pensando de una manera crítica y reflexiva sobre el sistema en el cual cada quien se encuentra inmerso, se está dando un pequeño paso en el tránsito de “estar siendo víctima de un modelo” a “ser protagonista de los propios actos”.

Al fin y al cabo, mi estadía en Las Vegas “sirvió para algo”…