Escape sin escape

“La costumbre nos teje, diariamente, una telaraña en las pupilas. Poco a poco nos aprisiona la sintaxis, el diccionario, y aunque los mosquitos vuelen tocando la corneta, carecemos del coraje de llamarlos arcángeles (…) y más tarde, al sentir deseos de viajar, tomamos un boleto en una agencia de vapores, en vez de metamorfosear una silla en un transatlántico”.

Oliverio Girondo, “Espantapájaros”.

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Carlos, el chofer: -Buenos días
Ayelen:-Buenos días
Carlos:-Su boleto por favor
Ayelen: -Como no!

Así comenzaba mi largo, arduo y cansador viaje de más de veinticuatro horas (si, más de veinticuatro, leyeron bien) desde Rosario, Argentina con destino a Florianópolis, Brasil.

Primeras cinco horas de viaje: el entusiasmo prevalece. Miro una película por aquí, escucho otra conversación allá, chusmeo para ver que es lo que se están mostrando las señoras sentadas adelante mío. Piola.
Segundas cinco horas de viaje: duermo un rato, miro otra película (esta vez es una que me aburre), me propongo como desafio contar cuantas cosas sin sentido encuentro en el colectivo, trato de escuchar conversaciones ajenas, y bueno, el viaje pasa un poco mas rápido.
Terceras cinco horas: ya no puedo seguir durmiendo, esto de forzar el sueño no es para mi. Me duele todo el cuerpo de tanto estar sentada, comienzo con la sintomatología de “extraño mi cama”, “quisiera estar tirada frente al rio en Rosario antes que comerme todo este viaje”, “quien me mando a mi a subir a este colectivo”. Resisto.
Cuartas cinco horas: comienza la cuenta regresiva y la auto pregunta de ¿Cuánto falta para llegar?. Me empiezo a aburrir de no ver a casi nadie en el colectivo y no tener ninguna conversación para escuchar. No paro de bostezar pero sigo sin conciliar el sueño.
Despues de esto, no quise pensar mas. Me propuse no emitir una sola palabra, un solo pensamiento que pudiera perjudicar mi salud mental, hasta que llegue a destino.

Llegué a Florianopolis y a partir de ahí puedo considerar que comenzó mi aventura de casi un mes.

Voy a comenzar hablando (con imágenes) de las playas, no quise sobreabundar en descripciones y me limité a mostrar algunas fotos que – por lo menos para mí- representan la belleza del lugar. Pido disculpas por no tratarse de fotos profesionales o de mejor calidad, pero sepan entender que tanto la cámara como quien la utiliza, estamos en proceso de mejoras técnicas y de aprender a llevarnos bien, así que ¡perdón por los inconvenientes!

 

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Ahora a preparar los estómagos que se viene la sesión comidas! (Apúrate que ya me está “picando el bagre” diría una amiga mía!). Les voy a dar un changui con esta intro para que vayan a la heladera y agarren lo primero que haya antes de ponerse a leer esta parte.
Comenzando por la yerba mate. No es igual que la “con palo” o “sin palo” de Argentina. Ahí es como una especie de polvo de color verdoso que ellos llaman Erva-mate y que sirve para hacer chimarrao. El chimarrao es algo parecido a lo que los Argentinos llamamos mate, con la diferencia que se prepara y bebe de otra forma:
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Otra cosa que me encantó fue la Feijoada. (en wiki: La feijoada (‘frijolada’ en español) es uno de los platos típicos de la cocina brasileña (considerado como plato nacional) y Portugal. Sus ingredientes básicos son los frijoles (suelen ser negros en Brasil, blancos o rojos en Portugal) y la carne de puerco en salazón. Se suele presentar acompañada de arroz y naranjas. En casi todo el território brasileño suele espolvorearse con harina de mandioca(yuca) y en muchas partes se usa una mezcla de esa harina con otros ingredientes, como huevos, longaniza,…., y que se llama “farofa”.)
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Y la bebida Guaraná:
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Empanadas gigantes y pastel:
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La famosa Goiabada. (wiki: La Goiabada o Pasta de Guayaba es un dulce tradicional de la cocina brasileña elaborado de mermelada de consistencia fuerte que está elaborado principalmente con la fruta de la guayaba (goiaba), agua y azúcar. Se suele presentar a los consumidores con un aspecto artesanal en cajas de madera, por el contrario la forma industrializada se suele vender en cajas redondas. Se suele comerlo con el Queijo Minas Frescal, formando lo que se denomina el “Romeu e Julieta” (Romeo y Julieta), tradicional de la repostería brasileña.)

DSC05241DSC05244La forma en que cocinan a la parrilla también me sorprendió: se cortan las tiras de carne de entre los huesos del costillar en trozos uniformes, después las colocan en una especie de espadas giratorias (no recuerdo como se llamaban) y se las asa hasta que la carne se dore, girando las espadas según sea necesario, logrando de esta forma una cocción uniforme.

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Después tenemos la música, créanme que hay para casi todos los gustos.
Una vez lei esto: “If you heard a song and felt it was nice and kept hearing the same song, you’d probably be happy. But give yourself a chance to fall in love with everything else in music… and you’ll know happiness has so many more faces”. (Si escuchaste una cancion y sentiste que fue buena y la seguiste escuchando a la misma cancion, probablemente seas feliz. Pero date la oportunidad de enamorarte con cualquier otra musica… y sabrás que la felicidad tiene muchas mas caras,)

Entonces, si de música se trata la felicidad, en Brasil la felicidad está más que garantizada.

Tenemos por un lado los famosos temas con los que nos bombardearon (y lo siguen haciendo) a más de uno en las fiestas cariocas de los cumpleaños de quince, casamientos, despedidas o cualquier tipo de eventos: “Onda onda” “Danza na manivela” “dance” que forman parte del estilo axé, y también existen otros estilos como por ejemplo:  Sertanejo Universitario,  MPB (Música Popular Brasilera),ChoroSambaBossa-novaPagodeForróLambada, y no me acuerdo de cuantos mas.

(Hacer clic en cualquiera de los estilos para escucharla).

Voy a dar cierre a este post.

Les mando un gran abrazo y a no dejar que la costumbre nos teja esa molesta telaraña en las pupilas. ¡Viajemos! que para viajar, aveces, no hace falta ir físicamente a ningún lado.

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“¿Y no basta con abrir los ojos y mirar para convencernos de que la realidad es, en realidad, el más auténtico de los milagros?”
Oliverio Girondo, “Espantapájaros”