South Lake Tahoe

Comencemos por South Lake Tahoe, mi primera experiencia en Estados Unidos.
La razón por la cual fui a esta ciudad fue porque tenía un contrato de trabajo desde Argentina (Work and Holiday).  Se trata de un programa que consiste básicamente en tres o cuatro meses de trabajo, y un mes aproximadamente para viajar o volverse a su país con dinero en mano.
Todo comenzó con una entrevista laboral con los empleadores en Buenos Aires, a la cual asistí junto a una amiga. Era la primera vez que nos entrevistaban en inglés, fue una situación rara, distinta, para la cual nos fuimos preparando durante todo el viaje desde Rosario a Buenos Aires. Hablábamos en inglés, practicábamos frases “clisé” que iríamos a decir, nos corregíamos a modo de evitar que en el momento de la entrevista la situación nos desborde. Pero por supuesto que las cosas (por lo menos en mi caso) casi nunca salen tal cual las planeo, por lo tanto se podrán imaginar que en la entrevista no dije ni la quinta parte de lo que había “practicado” en aquel bendito colectivo junto a mi amiga. Pero ya estaba en el baile, había que bailar. No cazaba una, ni entendía mucho lo que me hablaban en inglés, a pesar de mi gran esfuerzo de compresión. Pero allí estaba yo, para ponerle pecho a la bala. Y finalmente, y luego de un largo rato y de remarla un poco, logramos (junto a mi amiga) quedar contratadas para trabajar en un centro de ski.
Felices y contentas, volvimos cantando desde la terminal de Buenos Aires a Rosario, no sin antes pegarnos una recorrida por la city porteña.
Ahora sí, ya podíamos aplicar para la visa de Estados Un y comprar los vuelos. Emocionante.
Una vez hecho todo el tramiterío ya casi casi estábamos arriba del avión, era nuestro primer vuelo y viaje a un país no limítrofe.

 

Mi imaginación divagaba por cualquier lado, estaba en otra sintonía. Creo que mi sensación en aquel momento se puede definir como el síndrome de la triple C: Contenta, Cansada y Cagada!
Desafortunadamente, el asiento que nos dieron estaba en el medio del avión, así que no podíamos ver un joraca lo que pasaba por aquella ventanilla que taaaan lejos de nosotras estaba. Ambas super ansiosas, cabeceábamos todo el tiempo para tratar de conseguir aunque sea apenas ver una lucecita de la imponente ciudad de Buenos Aires de noche. Pero no lo logramos al 100%. Quien diría que después nos esperarían unos cuantos vuelos por delante, y unas cuantas sentadas alado de la ventanilla. =)

 

Y ahí estabamos, luego de tantas horas de viaje, de dos escalas bastante largas, de un vuelo afortunadamente con no muchas turbulencias: el tan deseado South Lake Tahoe.

 

De allí en más, nos dedicamos a recorrer, caminar, conocer gente, perdernos un toque por la ciudad, pero la mayor parte del tiempo moviéndonos en patota.
Los paisajes…. Increíbles

 

La gente… muy amable

El trabajo… Cero

Nunca comencé a trabajar. Si, fui con un contrato de trabajo. La idea es que iba a enseñar a esquiar a niños (siendo que nunca antes en mi vida había siquiera tocado un esquí), pero eso nunca sucedió.
Valla uno a saber por qué(la razón que nos dieron es que era una mala temporada), la cuestión es que nuestros empleadores nos tenían a más de uno desocupado y la “gran oferta” que nos hacían era: “aprender a esquiar gratis”. Qué negocio!

 

El dinero se iba día a día, gastos por aquí, gastos por allá, alquiler, supermercado, transporte, etc…
Así que un día decidimos ir a “tirar curriculums” y ver qué pasaba..
Creo que nunca antes en Argentina lo había hecho, era una nueva experiencia para mí.
La idea consistía  en presentarse a sí mismo en cada local, sonreír  y pedir para completar esa bendita hoja: el “application form” . En cada local que ibas, tenías que completar el formulario de aplicación para trabajar que ellos te daban ahí mismo, en vivo y en directo.

Completando applications por ahí
Aquí me viene a la cabeza aquel terrible momento, todos los días eran: levantarse a recorrer la ciudad y completar formularios. Y esta es la parte del viaje que nadie se imagina, la temida y que a cualquiera que ande por la vida en busca de aventuras y vivir una experiencia de trabajo  en otro país le puede suceder.  Creo que lo más importante para este tipo de situaciones es poder concentrarse en el objetivo que cada uno persigue en el viaje, proponerse alcanzarlo y buscar los medios que uno considere los más adecuados para hacer que aquel objetivo pase a ser un hecho. La idea es no olvidar que por ser humanos y que por hablar, esta entre nuestras posibilidades cometer errores o fallar. Aprender a convivir con eso y salir adelante a pesar de los obstáculos debería de estar también entre ese o esos objetivos que nos hayamos propuesto.
Entonces, después de tanto caminar, de llenar formularios,  de cruzarme con gente que estaba en la misma que yo, y como buena llorona que soy, nada mejor que para concluir el día ir a sentarme frente al lago a llorar un buen rato en compañía de los patos.  Que hermosa era su vida! se paseaban frente a mí como intentando demostrármelo a toda costa, la gente a lo lejos se reía, caminaba, corría, era tan feliz! …Y yo ahí sentada llorando, esperando quizá algún llamado por teléfono para que me dieran aquella tan anhelada  noticia: “te contratamos”. Pero no sucedió.

Uno de esos desolados días frente al lago

Al ver que no tenía suerte empecé a insistir a la organización con la que fui, hasta que después de varios días de levantarme a las 6 am para llamar por teléfono para que me dieran algún trabajo o me cambiaran de lugar, llegó la noticia que tanto quería escuchar: me consiguieron uno!!! Pero en otro lado (mejor para mí, más me movía, más conocía y más grande era el desafío),  en un lugar quizá olvidado por tantos turistas: el estado de Idaho.

Retrato de mi ultimo paseo por Lake Tahoe

Obviamente que cuando me dieron la noticia me emocioné y a continuación de eso sobrevino mi estado de vacilación (para variar): ¿Qué hago?.

Pase todo el día pensando, pensando y pensando, hasta mas no poder.  ¿Qué iba a hacer? ¿Cuál sería la decisión correcta? ¿A dónde iría a parar?. Ya había dado el sí (que me iba), pero no sé porque algo me hacía dudarlo.
Entonces decidí ir a mi supuesto lugar de trabajo como última instancia para ver qué carajo hacía. Quizá había alguna posibilidad de ser contratada y comenzar a trabajar en esos días, (uno nunca sabe).
Pero la manera sutil de aquel querido Ben (el encargado del centro de ski) de decirme que no iba a empezar a trabajar  hizo que rápidamente corriera a hacer dedo y tomármelas de aquel lugar (gracias al señor Chino que aceptó cordialmente llevarme en su camioneta e intentó charlar conmigo cuando yo flasheaba y mi cerebro estaba a punto de colapsar).
Finalmente, llegué a mi casa de Lake Tahoe, sonaba el teléfono, atiendo y… siii! Era alguien de la organización que llamaba para avisarme que mi vuelo a Sun Valley salía al día siguiente, o sea, en un par de horas =S
Mi respuesta a ese aviso (del cual dude desde un principio)  fue:  – si, si , si y mas si! Ya no tenía dudas, me iba. Llena de miedo, pero me iba.
Corrí a armar las valijas, ahora si más entusiasmada. Poco a poco iba asumiendo mi nuevo destino, allá en Sun Valley otras experiencias me estaban esperando …
Let it snow …