Lo que Melbourne me dejó

“Yo ya llevaba un buen rato escribiendo Memoria del
fuego, y cuanto más escribía más adentro me metía en
las historias que contaba. Ya me estaba costando distinguir
el pasado del presente: lo que había sido estaba
siendo, y estaba siendo a mi alrededor, y escribir era mi
manera de golpear y de abrazar. Sin embargo, se supone
que los libros de historia no son subjetivos.
Se lo comenté a don José Coronel Urtecho: en este
libro que estoy escribiendo, al revés y al derecho, a luz y
a trasluz, se mire como se mire, se me notan a simple
vista mis broncas y mis amores.
Y a orillas del río San Juan, el viejo poeta me dijo que
a los fanáticos de la objetividad no hay que hacerles ni
puto caso:
– No te preocupes -me dijo-. Así debe ser. Los que hacen
de la objetividad una religión, mienten. Ellos no quieren
ser objetivos, mentira: quieren ser objetos, para salvarse
del dolor humano.”
Eduardo Galeano, “El libro de los abrazos”

Hoy estuve recordando. Recordando mi viaje alrededor de Australia en general, pero particularmente lo que fue mi estadía en Melbourne. Quizá porque se cumplen seis meses desde que llegué a esta ciudad tan lluviosa, pintoresca, nublada y que no dejó de sorprenderme desde el primer día en que la pisé hasta el último.

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Cada persona vive de una manera distinta un viaje.

No hay una forma de viajar que sea igual para todos. Para algunos viajar es conocer lugares, o personas, o costumbres, o hoteles, o todo junto, o cualquier otra cosa . Puede tratarse de un viaje de un par de días o de tiempo indefinido. Puede que uno viaje solo o acompañado, en lugares promocionados turísticamente o lugares que se conocen como “exóticos” en determinadas sociedades. Puede implicar armar una gran valija en la que se quiere meter todo lo que se tiene en el ropero, o que simplemente se arme un pequeño bolso de mano y se salga con la primera muda de ropa que se tenga a mano. Puede ser un viaje por trabajo, por placer, negocios, vacaciones, aventura, en búsqueda de algo distinto, en búsqueda de algo similar, por inercia, por diversión. Puede ser un viaje de relajación, escape de la rutina, desafío personal. Y puedo seguir así, nombrando distintas formas de viajar, interminablemente.

Porque hay tantas formas de viajar como personas que viajan, y por lo tanto, el viaje que cada quién hace nunca es igual al del otro (por mas de que coincidan lugares, fechas, horarios). Por que cada persona en este mundo vive un viaje “a su manera”.

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“Las ciudades son como una piedra con la que uno choca, y el resultado de ese choque es lo que llevas por dentro”. Santiago Gamboa

En fin, voy al grano, esta introducción es solamente para poder transmitir que lo que Melbourne significó para mi, probablemente no signifique lo mismo que para otros. Sin embargo, así como a mí me sirvió haber leído y escuchado lo que esos otros me contaban acerca de Melbourne (con esa descripción particular que habla tanto de la ciudad como de quien la describe), espero que también a vos te sea útil lo que hoy te quiero contar de lo que fue mi experiencia personal en esta ciudad.

Por eso la frase de Galeano con la que comenzó el articulo. Porque me parece que lo que este autor intenta demostrar tiene relación con lo que vengo diciendo: “Los que hacen de la objetividad una religión, mienten”. En lo que escribo, así como en el libro que escribía este personaje, “al revés y al derecho, a luz y a trasluz, se mire como se mire, se me notan a simple vista mis broncas y mis amores”.

Esta es una lista de lo que me pasó viviendo en Melbourne, y puede que te pase a vos también:

Caminar por ahí y encontrar mercados (como el Victoria Market) donde las carnes, frutas, verduras, entre otras cosas, estén ordenadas tan prolijamente que hagan sospechar si son de verdad o “mentirita”.

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Pescados de mar acomodados milimetricamente

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Carnes cortadas y exhibidas prolijamente

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Manzanas que brillan

 

Encontrarte con el arte por donde mires: “El arte está en todos lados”.

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En la calle

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En las casas viejas

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En las veredas

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Pasillos

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Conteiners

Que esté nublado y te llueva todos los benditos días.

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Encontrar parejas que se casan sacándose fotos en todos lados.

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Alejarte un poco del centro de la ciudad (CBD) y sorprenderte de que la gente desconocida te salude por la calle.

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Este señor nos saludó en una plaza y a los pocos minutos ya le estábamos paseando el perro.

Vivir el mundial a la distancia, gritar los goles y abrazarte con Argentinos que conoces ese mismo día. Salir a festejar y que la gente te mire raro y se quede pensando (¿Qué les pasará por la cabeza?). Y luego de eso, que algunos sigan su camino y otros se quieran unir a tu festejo.

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Vivir el mundial con una familia Australiana, y sorprenderte de la pasividad de sus festejos. Con un “OZ,OZ,OZ, Oi,Oi,Oi” cantado dos veces en todo el partido es mas que suficiente para ovacionar al equipo.

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Ver cosas de tu país que todavía no existen en tu país. Por ejemplo este helado con sabor a yerba mate que nunca supe que existía en Argentina:

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Encontrarse con situaciones extrañas en cualquier lado. Por ejemplo este chico que no se podía desprender de su muñeca en la biblioteca. O este otro chico extra-estimulado por doquier: auriculares con música al palo, leyendo una revista, tomando chocolatada, comiendo tiritas de carne y rascándose, todo al mismo tiempo.

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Conocer lugares que para uno no tienen tanta importancia, pensar en los amigos que estarían cumpliendo un sueño estando allí, y decirse a si mismo: “¡Pucha, Mengano sería tan feliz estando acá! ¿Que es lo que estoy haciendo yo?”

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En el famoso estadio de tenis del Australian open, Rod Laver Arena

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Emocionarte al escuchar -cada vez más- historias de viejos Australianos que se jubilan y agarran la casa rodante o “campervan” y se dedican a recorrer su país despacito y sin apuros.

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Una pareja viajera Australiana que me invitó a cenar

Agradecer que cada vez que quieras cepillarte los dientes en el baño al mismo tiempo que otra persona está haciendo sus necesidades no tengas que esperar a que se desocupe. En Australia los inodoros tienen su piecita aparte. La zona lavamanos, bañera, o ante baño está separada del cubículo donde se encuentra el inodoro.

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Comprobar que el famoso puente de candados no existe solamente en Paris. Enamorados que sellan su amor eterno colgando cualquier tipo de candado en un puente los hay por todas partes.

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Que cuando prendas la tele, la varieté con la que te puedas llegar a encontrar en los canales oscile en tres opciones: algún reallity show (de cocina, de canto, de armar parejas,etc) , publicidades de seguro de vida (hasta para los perros!) o a Tony Abbot –el primer ministro- dando un discurso.

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Comprobar en primera persona que existen universidades completamente distintas en todas partes del mundo. Desde el contenido de la curricula (como pude comprobarlo en el caso de psicología) hasta la estructura de los mega-edificios de las universidades Australianas. Distintas también en el precio para estudiar en ellas (de 20000 AUD por año -para residentes- y 40000 AUD -para extranjeros- en adelante).

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La fachada extravagante de una de las universidades

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La fachada de otra

 

Que salir a comer afuera sea equiparable a lo que podes comprar en un Aldi (cadena de supermercados económica) para sobrevivir una semana. (y que ese ir a comer afuera implique siempre ir a algún restaurant asiático, italiano, mexicano o cualquier otro, menos australiano).

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No me pregunten que plato era =S

 

Sorprenderte de las técnicas de atención al cliente. Por ejemplo cuando me tocó esperar en una farmacia, me dieron un aparatito tamaño celular que empezaba a sonar y a vibrar cuando el pedido estaba listo. En otras grandes tiendas una maquina pedía el número de celular y cuando todo estaba listo, mandaba un mensaje de texto avisando.
Mientras esperas a que tu pedido esté listo, no sé si será intencional o no, pero te dan varios minutos para que recorras el local y te acuerdes de todos esos artículos de primera necesidad que tenías que comprar para seguir sobreviviendo.

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Esperando con mi aparatito en la farmacia

 

Darte cuenta de que las plazas públicas están muy bien conservadas. Los juegos intactos (tanto que hasta dudo de que los niños hayan ido a jugar alguna vez ahí), con quinchos, mesas y una especie de parrilla eléctrica que nunca está sucia o rota (y que me hace dudar también de que se prepare algo ahí) para cocinar la BBQ (carne asada).DSC09662

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Una muestra de parrillas (gracias a la modelo Bernardita que poso para la foto =) )

 

Asombrarte de que los pocos días que los Melbourenses tienen libres, por más frio que sea, van de la ciudad a armar una carpa por ahí. Carpas, bolsas súper térmicas, toallitas húmedas, ropa abrigada, elementos de cocina, víveres, tienen bien en claro cómo, cuándo y dónde acampar.

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No importa donde sea, siempre habrá un lugar para la carpa

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Infaltables mashmellows en el fogon

Encontrarte festejando eventos especiales con dedicatorias a la distancia y en el lugar que sea.

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“Días de …”

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Cumpleaños

 

Eso fue Melbourne. Eso fue mi experiencia, que traté condensarla en cuanto pude.

Termino con esta frase, para seguir pensando:

“La vida es lo que hacemos de ella. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos”. Fernando Pessoa

Hasta la próxima!