Un verano a pleno (en Rocky)

¿Hasta cuando vas a estar en Rockhampton? Es una pregunta que me hacen muchos y me la hago yo también. Ahora, al fin, puedo dar una respuesta: hasta el 15 de enero. Y una vez que termino de dar la respuesta, se me pianta un lagrimon, es inevitable. No me enamoré del lugar, me acabo de dar cuenta que me enamoré de la esencia de la niñez. Estoy muy encariñada con las niñas que cuido.

Justo hace unos días comencé a leer un libro que me tiene atrapada, se llama “El elemento”, de Ken Robinson (en esta charla pueden encontrar condensadas algunas de sus ideas), y me topé con un poema hermoso, que me recordó una vez mas cual es el motivo, que es lo que me tiene trabajando hace tanto tiempo en esta ciudad (ademas de la posibilidad de ahorro, por su puesto).  Este es el poema que Robinson cita:

El niño tiene
cien lenguas
cien manos
cien pensamientos
cien maneras de pensar
de jugar y de hablar
cien, siempre cien
maneras de escuchar
de sorprenderse, de amar
cien alegrías
para cantar y entender
cien mundos
que descubrir
cien mundos
que inventar
cien mundos
que soñar.

El niño tiene
cien lenguas
(y además cien, cien, y cien)
pero se le roban noventa y nueve.

La escuela y la cultura
le separan la cabeza del cuerpo.

Le hablan:
de pensar sin manos
de actuar sin cabeza
de escuchar y no hablar
de entender sin alegría
de amar y sorprenderse
sólo en Pascua y en Navidad.

Le hablan:
de descubrir el mundo que ya existe
y de cien
le roban noventa y nueve.

Le dicen
que el juego y el trabajo,
la realidad y la fantasía,
la ciencia y la imaginación,
el cielo y la tierra,
la razón y el sueño,
son cosas
que no van juntas.

Le dicen en suma
que el cien no existe.

Y el niño dice:
En cambio el cien existe.

Loris Malaguzzi

El objetivo de este post, va más allá de hablar de niños. Voy a hablar de lo que vengo haciendo y hago en estos días de calor (de esos que tiras un huevo en la calle y se cocina) en Rockhampton (o Rocky, para hacerlo “mas querible” jeje).

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La ciudad se prepara para navidad.

Si les digo que enseño chino seguro no me creen, así que les voy a decir la verdad: enseño chino. Nunca en mi vida lo hubiese siquiera soñado, pero resulta que de un día para el otro, el papá de las nenas me llamó aparte, y cual película de suspenso, me miró fijo a los ojos (yo ya me esperaba lo peor) y me dio en la mano un libro. Yo no entendía que estaba pasando, pensaba para mis adentros: ¿por un libro tanto escándalo?, pero la frase que le seguía a continuación era la que le daba “el toque” al momento. Respirando hondo me dice: Quiero que le enseñes mandarín a Holy (la nena mas grande). Respondí: “si, seguro” sin alcanzar a comprender la burrada que podría llegar a ser lo que me acababa de pedir.

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El libro de mandarín. Pero si es puro chino!!!

Así que ahí estuve, haciendo un esfuerzo sobrehumano para poder transmitir una mínima parte de lo que me habían pedido.  Gracias a las biromes tecnológicas que pronuncian la palabra con solo tocar una parte del libro, logré salir ilesa de cuan tremendo desafío. Y lo mas importante: nunca más me volvió a pedir que le enseñe mandarín, cada cual sacara sus propias conclusiones…

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Mi alumnita, la corajuda =P

Se acerca navidad, aunque en Rocky navidad se viene acercando desde octubre, lo cual se puede percibir ni bien pisa uno cualquier supermercado.  Si hay algo que me encanta de viajar es ver como viven los días festivos en distintos lugares, como lo celebran, con quien, que hacen, que no hacen y … (acá se viene la mejor parte jaja) “que comen”.

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Este proyecto de artesanía es lo único que tenemos con espíritu navideño en nuestra casa de Rocky

Hoy fuí al supermercado única y exclusivamente para fotografiar cualquier tipo de postre navideño que se me cruzara en el camino. Compré uno solo – por motivos de sobrepeso-, el “plum pudding” que no se dejó comer el pobrecito, me resultó demasiado fiero. Del resto no puedo decir nada, parecen ricos, pero a esta altura ya nada me asegura que no sean otro “pudding” del montón.  (¡extraño el clásico turrón! , ¿¡será mucho pedir?!)

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“Guacala” dirian las niñas que cuido

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Estos, más que navideños, son un clásico australiano: los “lamington fingers”, una especie de cuadraditos de bizcochuelo de vainilla bañados en chocolate y pasados por coco. Zafan.

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Acá tenés para entretenerte: trozos de gingerbread para construir casas, iglesias, edificios, chozas o lo que se te ocurra. Las cosas para decorar vienen incluidas en la caja.

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Parecen albóndigas de carne, pero no lo son. Rum balls y White christmas balls, no tengo idea de como serán.

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El clásico panettone italiano (más conocido como pan dulce en Arg)

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Como una torta de frutas congelada, dura.

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De todo un poco: las rum balls, unos cuadraditos de coco, pedacitos de algo que parece turrón…

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Tortitas rellenas de frutas

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Y más

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Unas galletitas dulces hechas prácticamente con manteca pura. De origen escoces, lo consumen mucho acá.

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Cherry stollen: parecen budines, tienen frutas y son más esponjosos.

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La “Rocky Road”, una torta hecha de una gran variedad de marshmallows, chocolate, maní, y no sé cuantos etcéteras. Una bomba-patada al hígado.

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Popurrí de golosinas I

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Popurrí de golosinas II

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Un puestito de golosinas custodiado por dos renos re-fashion por aquí…

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Un Santa Claus (papá noel) repartiendo dulces por allá…

Otro tema: después de que conocí la biblioteca pública de Rocky, mi vida ya no fue la misma (jeje). Si bien antes iba mas seguido para aprovechar la interné gratis, ahora que tengo Internet en el rancho, solo voy para alquilar cds de música. En mis tiempos libres aprovecho entonces para ver algunos documentales y escuchar un poco de música de artistas australianos, como así también divago por los géneros mas diversos: desde la música clásica hasta el chamamé.  Acá van algunos temas bien “Aussies” que les recomiendo:

Colin Hay- Down under

AC DC- You shook me all night long

The sapphires- Who´s loving you

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La tapa de uno de los CDs que suenan en la casa.

 Y unos documentales también:

The men of the fifth world

Our generation 

De más está decir que en mi interés por la música clásica influyeron un montón los nenes que cuido (ya ven como todo esta conectado con todo). En otra de las casas dónde trabajo, los nenes -de 4 y 7 años- escuchan cassettes de Beethoven, Bach y otros artistas. Que tul. No se si está bien o está mal, pero me inspira.

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Estos son los casetes, para que vean que no miento!

En mis días de verano, otra cosa que hago es conducir todo tipo de autos. Después de que compramos a “Pinki” (el auto que compartimos con Brenda), comenzamos a ser cuasi taxistas de la ciudad. Llevamos y traemos chicos de aquí para allá, todo esto “hasta que me dure”, ya que en un par de días me vence el carnet y quedo en bolainas =(

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El Mercedes Benz de la tachera australiana

Trabajo duro. Y eso es algo que quizá no lo sabían. En las fotos que saco están los niños todos sonrientes y simpáticos, pero la verdad es que en el “detrás de cámara” hay un popurrí de cosas que ni están tan buenas, ni son para todo el mundo: cambiar pañales, limpiar mocos, aguantar berrinches, caprichos y alguna que otra patada voladora cuando juegan, son cosas que no están hechas para las princesas que miro todos los benditos días en las películas de Disney.

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Frozen, Rio, Toy story, Cinderella, Bugs, Finding Nemo, Monsters University, Sharks Tale, Chicken Run, Lion King, Despicable me, por solo nombrar algunas de las películas que ya forman parte de mi rutina.

Después de varias horas de trabajo con ellos, me doy cuenta como me consumen la energía. Tanto que si fuese cenicienta y tuviese que correr a las doce para que no se rompa el hechizo, lograría dar un solo paso y  quedaría tirada durmiendo ahí mismo, al mejor estilo lobo marino.

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Disney nos cagó la vida

Mientras escribo esto me estoy calcinando. El calor en Rocky es distinto, y es más caloriento que cualquier otro (ya sé! después voy a otro lugar y termino diciendo lo mismo, pero déjenme descargar!). Es casi imposible andar en bici, caminar por las calles o estar en tu casa sin aire acondicionado. Y no exagero! Yo la verdad que no puedo creer todavía como es que se formó una ciudad acá, en el medio de la nada, con tanto desierto y un pequeño río que la atraviesa. Me pregunto que llevó a las personas a vivir acá, así, por que lo hacen o por que no se van a otro lado. Si bien existen las respuestas al estilo “la economía”, “el trabajo”, “el dinero”, pienso que por ahí puede haber cosas más sustanciales, más significativas, y que pueden tener que ver con alguna esencia que los “Rockhamptenses” solo la encuentran acá. Yo acá encontré una esencia, o mejor dicho, descubrí que lo que me atrapaba era la esencia de la niñez . Suficiente para seis meses. Hasta siempre Rocky.