Nunca te pensé

 Nunca te pensé Emu Park, nunca te pensé.

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Beach Rules: relax, relax, relax? Seguro?

Así comienza la historia de como es que llegue hasta acá:

A-Hola! Estoy en Emu Park

B- y eso? dónde queda?

A- Googlealo, está en Queensland

B- y que haces ahí?

A- …

Tal como se puede leer en la pequeña parte de esta conversación con B., estoy en Emu Park, Queensland, Australia.  Es una larga historia el porque estoy acá, pero ahora que pude relajarme un poco, puedo decirles que tuve que dejar de trabajar de un día para el otro, la persona que supone que era mi jefe, en un estado de ebriedad y calentura, me dijo que tenía que dejar de trabajar y abandonar la casa (al estilo de quien abandona la casa de gran hermano) en ese preciso momento. Allá él y sus rollos, y aquí yo y los míos. Ya hice lo que mi conciencia o súper-yo me dictaban que era “lo correcto” así que ahora, al fin, logro cerrar los ojos por las noches.

La cuestión es que me tuve que buscar algo a último momento (en menos de 12 horas más específicamente) para poder subsistir por un tiempo. Así es que en mi estado de desesperación y tratando de ingeniármelas un poco, comencé a mover contactos y ver lo mejorcito que podía conseguir para sobrellevar lo más serenamente posible la situación.

Esta es la razón entonces del porque estoy ahora donde estoy. Gracias a unos compañeros que me consiguieron un trabajo a cambio de alojamiento en un hostel, ahora vivo acá, en el “Emus Park Beach Resort & Backpackers”, por lo menos por un tiempo.

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Tengo el mar tan cerquita. Y así como la gaviota, yo también me le quiero asomar.

Escribo, más que para contar lo que me pasó en estos días, para poder transmitir algo de lo que he aprendido de esta experiencia. Ya que, para bien o para mal, algo quedó.

En situaciones limites o poco convencionales es cuando me doy cuenta de hasta que cosas soy capaz y no soy capaz de hacer.

Ya de antes cruzaban por mi cabeza ideas momentáneas de “dejarlo todo”, el trabajo, la casa, la sensación de falsa seguridad, el dinero que ganaba en Rockhampton e irme a otro lado. Pero debo confesar que siempre el miedo al cambio se apoderó de mi. Me creía incapaz de moverme sola, de conseguir otra cosa. Me asustaba el no saber a dónde podría llegar a ir y me paralizaba de solo pensar en asumir mi libertad, una libertad tan amplia, con tantas aristas, que terminaba resultándome aplastante.  Así que nunca logré llevarlas a la acción. Miedo 1, Ayelén 0.

En este intento de querer explicarme, buscar las razones del porque estoy acá, muchas veces caigo en ideas delirantes, absurdas, chistosas y místicas. Hasta llegué a la conclusión (basándome en el famoso alquimista de Cohelo que dice: “Cuando uno desea algo con demasiada intensidad, el universo entero conspira para que lo logre”)  de que le he transmitido encubiertamente una energía misteriosa al universo, como diciéndole: “me quiero ir de acá”, y éste hizo de las suyas y lo interpretó como quería. Y aquí y ahora se ven las consecuencias del no haberle transmitido correctamente el mensaje.  (como verán todo es libre interpretación).

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Un atardecer en Emu Park

En fin, aquí estoy (y por un tiempo), en ese soñado lugar en el que todos los cangrejos son bienvenidos – sin importar color, tamaño, edad, raza o religión- , y donde siempre habrá un lugarcito especialmente reservado para las serpientes que se cansen de sus rutinas y les pinte playa por un día. Les presento a Emu Park, que a pesar de darme cada tanto una sorpresa con estos preciosos animalitos, me esta enseñando a ponerle el pecho a la bala y a quererlo cada día más.

Con sus bichitos…

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Cangrejos y mini-cangrejitos paseando por la arena

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Serpientes en el hostel

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Este cartel advierte que te protejas la cabeza y los ojos de estos pájaros “magpie”

Con sus paisajes…

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Muchas señoras y señores paseando con sus perros

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O perros paseando con sus señoras o señores

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Un mar hermoso

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Un atardecer entre las piedras

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La fachada más conocida de Emu Park

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Así como este sillon hay muchos más. Justito enfrente al mar. (y sin tener que pagar ningún alquiler)

Con sus particularidades…

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El famoso camión de helados. Ni bien estaciona en algún lugar, comienzan a llegar los chicos.

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Antes era un negocio en dónde se vendían nosequés. Ahora parece que quedó como patrimonio del pueblo.

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Mi reacción después de probar estas ostras: -Guacala!

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El famoso Singing Ship Monument que identifica a Emu Park. A la noche el viento hace sonar sus cuerdas (confieso que la primera vez que lo escuché de noche casi me muero de terror).

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Arena con forma de pequeñas bolitas

 

Llegúe a Emu Park en un estado angustiante, por la situación que me había tocado vivir, por el temor a no saber como actuar en este tipo de situaciones estando en otro país, por la confusión y el choque de ideas en mi cabeza, y la vacilación constante entre el hacer algo o quedarme de brazos cruzados y dejar que todo fluya…

Si tengo que definir en una palabra lo que fueron mis primeros días en este lugar, creo que la palabra crisis sería la más adecuada. Pero el tiempo, el lugar, el mar, la tranquilidad y rodearme de buena gente me sirvieron de gran soporte a la hora de afrontar este mal momento y poder salir adelante. Las experiencias me demuestran que las crisis suelen anteceder a los grandes cambios.

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“No hay nada que podamos darte que tú no tengas ahora, pero sentimos que aunque no podamos darte nada, tú aprendiste a aceptar, recibir y tomar de nosotros. Ese es nuestro regalo.” Marlo Morgan

Los primeros días acá me dediqué a respirar y relajarme un poco. Comencé a trabajar en el hostel tres horas a cambio de alojamiento y en mis horas libres iba a la playa. Una vez que me acomodé, comencé a buscar trabajo, y la suerte pareció estar esta vez de mi lado. Al primer señor que me cruzo por la calle y le pregunto, muy amablemente me dice que si, y al día siguiente ya estaba ayudando al hijo a ordenar su casa.  Después, una llamada que cae del cielo y nos pone a trabajar -junto a mi compañera sueca- en una granja de lychees. No podía creerlo.

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Lychees, una fruta hasta ese momento desconocida para mí. Ahora paso a ser mi preferida.

Puedo decir que en este tiempo estoy aprendiendo varias cosas:

La vida misma, las experiencias, los mínimos gestos humanos, me están demostrando que lo más importante del viaje es la gente que me cruzo en el camino, ya que muchas  la mayoría de las veces son las personas y sus acciones las que terminan dándole vida a un lugar y hacen a su belleza.

Estoy aprendiendo a admitir que las estructuras de las que me armo en esos locos intentos de querer tener los días contados, bajo control los planes a futuro y las situaciones que vendrán, son un auto-engaño que no puedo evitar que me duelan cuando se rompen o se caen, pero que a pesar de eso me sirven otras tantas veces para caminar.

A admirar la enorme capacidad que tiene el ser humano de amoldarse al medio que le rodea. Puede sonar a verso, pero creo que si primero nos desacomodamos (parte más difícil), nos podemos re acomodar infinitamente y re adaptarnos a nuevas situaciones, como el agua. Estoy aprendiendo a apreciar eso.

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“Vacía tu mente, se amorfo, moldeable, como el agua. Si pones agua en una taza se convierte en la taza. Si pones agua en una botella se convierte en la botella. Si la pones en una tetera se convierte en la tetera. El agua puede fluir o puede golpear. Sé agua amigo mío”. Bruce Lee

Que el mar, con su brisa, su agua salada, sus olas, su viento, su marea, es un gran desestresante. Que cada vez que salgo de una “mar-terapia” y de pasar horas contemplándolo, respirándolo, me siento bien, en paz, en armonía.

Que al cambiar de contextos, al vivir en movimiento, las sensaciones y emociones parecieran exaltarse. Una vivencia que quizá pasaba desapercibida cuando estaba en mi zona de confort ahora es capaz de dejarme días enteros pensando. Que la felicidad es más felicidad y la tristeza es más tristeza, y que puedo pasar de un estado al otro y viceversa en cuestión de segundos. También voy aprendiendo a no tomarme tan enserio estas exaltaciones y a reírme más de mi misma.

Y que cada persona tiene algo para enseñar, que siempre se puede aprender algo nuevo. Que cada cosa, cada situación, cada persona, cada momento, es una oportunidad de aprender algo nuevo sobre mí, sobre los otros, sobre la vida…

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“Podrán cortar las flores, pero nunca podrán cortar la primavera”. Pablo Neruda