Rompiéndola en la Pacific Highway

 

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Así comenzamos

Se las presento: La Pacific Highway es la ruta principal de la costa central este de Australia.
Tiene 960 kilómetros de largo y une Brisbane, la capital de Queensland, con Sydney, la capital de New South Wales. Una vez dicho esto, comienzo mi relato:

Brisbane

Este viaje comienza en Brisbane. Yo ya estaba allí por motivos de salud (clic acá para saber de qué se trataba) y después de diez días de hospital y seis en un departamento alquilado en Brisbane, Brenda me pasa a buscar con Pinki (clic acá para saber quién fue Pinki) y dimos comienzo a la aventura de recorrer la Pacific Highway en auto.

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Jugando como niños con las letras de Brisbane

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Una de las vistas de Brisbane desde el río

Las primeras noches nos hospedo vía Couchsurfing nuestro amigo Ronnie, a quien le encantaba alojar gente y nos insistió hasta el cansancio que nos quedemos en su casa por un tiempo más. Quedamos cinco días ahí y una noche más porque se nos rompió el auto (él estaba chocho, no le importaba lo que pasara con tal de que nos quedemos). Ahí fue cuando cenamos todas las noches “como corresponde”, comida de la buena, cada día un menú distinto que nuestro host planeaba minuciosamente con casi cuarenta y ocho horas de antelación.

Brisbane me dio la impresión de ser una ciudad moderna (como casi todas las grandes ciudades de Australia), con una construcción arquitectónica distinta a las que había visto hasta ahora. Melboune, Sydney, Brisbane, tienen una hermosa originalidad en sus construcciones al bordear los ríos.

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Carteles que te podés encontrar en la ruta: este por ejemplo dice ¿Cerraste con llave tu auto? (me sirve para pensar como lo que en algunas sociedades es tan obvio es necesario recordarlo en otras)

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Este otro cartel indica que conduzcas despacio que se te puede cruzar un koala. El de arriba es una advertencia: si entras con tu vehículo en las playas pagas 1100 dólares australianos de multa.

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No sobrepasar los ¿5? kilómetros por hora. ¡Ojo! Se te puede cruzar cualquier tipo de animal: desde una serpiente hasta un dragón. Bue…

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Te podés encontrar con chistes como este en la ruta: ¿Cuanto falta para llegar papá? La clásica pregunta! (Si sabrán los padres!)

Sunshine Coast

En medio de nuestra estadía en Bris, hicimos un corte para visitar la famosa Sunshine Coast (acá la mayoría de las playas tienen nombres marketineros, no sé si será esa la intención o que). Muy lindas playas y senderos que bordean la costa y te llevan a perderte entre medio de plantas, árboles y mucho verde.

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Los ingredientes de estos “sping waters” eran: hielo molido y colorante que se vendían en una presentación con forma de helado. Resultado: gente haciendo cola para comprarlo. (precio: 4 AUD cada uno, más que un helado)

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Sunshine Coast

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Esta foto fue tomada en la playa nudista, no daba para fotografiar al viejo verde que se nos sentó al lado.

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En nuestra caminata por entre medio de los árboles encontramos un koala durmiendo en su hábitat natural

Gold Coast

Una vez terminado nuestro recorrido, partimos hacia Gold Coast. ¿Qué puedo decir de ella? Me impactó desde el primer segundo que la vi hasta el último. Bella por donde se la mire. Casas-Rio-Edificios-Mar, todo en secuencia, algo que no había visto antes. Todo muy lindo hasta que… fuimos a la casa de nuestro host, que nos hospedaba por Couchsurfing.

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Vista de Gold Coast desde la distancia

Llegamos y la casa parecía una casa “común y corriente” cuando la vimos por fuera. Cuando entramos comenzamos a ver cosas de colores por todos lados: bicicletas adornadas con cintas rosadas, juguetes de niños, jaulas con sapos de mentira, relojes de siete colores distintos, barriletes y mariposas de papel pegadas en las paredes, en fin, un sinfín de extravagancias, lo cual me pareció divertido.

Todo muy lindo hasta que miramos al piso y comenzamos a percibir que había insectos extraños moviéndose de un lado para el otro, eran cucarachas!!! El señor X estaba tan acostumbrado a convivir con ellas que en un momento vimos como una le subía al pie y el la mato con toda la naturalidad del mundo, como quien mata un mosquito. Traté de pensar en los distintos conceptos de limpieza que podemos tener los seres humanos y convencerme de la idea de aprender a respetar las diferencias, que si yo estaba en su casa era porque había aceptado sus códigos y la idea era sumergirme en el ambiente de un local para conocer la ciudad desde una perspectiva no-turística, pero no pude. Pensé que eso ya sobrepasaba el límite de lo no limpio, que en algún punto su casa casi abandonada en sanidad hablaba mucho de él, de cómo se sentía en ese momento, de que le pasaba por su cabeza. Creo que uno puede aceptar un poco menos o más los códigos y normas de convivencia en una sociedad, pero vivir en el medio de una ciudad, con gente que te rodea, vecinos (desde la del supermercado a la que le comprás el pan hasta el que te viene a cambiar la ventana del baño) y encima tener el la caradurez de hospedar gente en esas condiciones, me parece que habla de que algo serio está pasando. Algo huele mal (literalmente).

Esa noche hicimos lo posible para intentar dormir en esa habitación, pero el ruido de las cucas caminando sobre las bolsas de nylon y el polvo de la habitación que me hacía estornudar dos veces por minuto, nos obligaron a buscar otra alternativa. Y he aquí el superhéroe: Pinki. Fuimos a dormir al auto. Fue así como pasamos la noche en Gold Coast: Incomodas y dando vueltas a las tres de la mañana, buscando un lugar que no esté en el medio de la oscuridad para poder descansar tranquilas arriba del auto.

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Dicen que cada quien se entiende en su propio desorden. Espero que sea cierto, sino no sé como hacia este host para encontrar sus cosas… (No voy a poner acá las fotos de las tantas patas de cucarachas que encontré, así evito la descompostura de más de uno)

Pottsville

Después de nuestra aventura en Gold Coast, nos dirigimos rumbo a Pottsville, donde nos esperaba Michael, un host que nos paseó de aquí para allá desde que lo conocimos.

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Fue una maravilla poder contemplar este atardecer en Pottsville

Nimbin

Gracias a Michael conocimos algo que no estaba en nuestros planes: un pueblito en medio de las montañas llamado Nimbin. La filosofía de vida de este lugar tiene que ver con la autosuficiencia y sostenibilidad con los propios recursos del entorno, ademas de su cultura pro- marihuana.

Me dió la impresión de ser un pueblo bastante comercial, que explota económicamente justamente esa idea de autosuficiencia que lo distingue, y en ese intento de diferenciarse, termina siendo uno más del montón. Una paradoja.

Dudo de que así como algunas de las ciudades de este país tienen nombres marketineros al estilo: Gold Coast (Costa dorada) , Surfers Paradise (Paraiso de los surfistas), Sunshine Coast (Costa soleada), también Nimbin no sea parte del experimento social de promover turisticamente un lugar proponiendo como mensaje principal uno que lo activa comercialmente: el de “ir en contra de lo establecido”.

En el pueblo se puede ver por todos lados una temática orientada a favor de la marihuana. Después de visitarlo me enteré que es conocido como: “la capital de la droga en Australia”, lo cual me sorprendió. Me sorprendió porque Australia me pareció un país bastante estricto, severo, riguroso, controlador e inflexible respecto al trato de las drogas consideradas ilegales.

Ver a la central de policías a solo dos cuadras de dónde es el gran mercado de la droga, en el que hay personas que te ofrecen marihuana a los gritos, se siente un poco raro estando en este país.

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¡Bienvenidos a Nimbin! Vehículos como este por todos lados.

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Fachada de una de las calles principales

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Uno de los tantos locales de merchandising de ropa con eslogan hippies

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Observando te encotrás este tipo de carteles: “9 de cada 10 médicos están pensando: ¿ Por cuanto tiempo más vamos a negar los beneficios de esta planta (cannabis)?

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El cartel dice algo así: “Cannabis realmente es una súper planta, tiene un montón que ofrecer para el bienestar de la gente y la nación: Trabajo, empleo, habilidades y entrenamiento, exportación …. Un potencial económico para Australia”

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Un centro de información y educación sobre el consumo de drogas

Byron Bay

Sobre Byron Bay, ¿qué voy a decir?, que me pasó lo que le puede pasar a cualquiera: sentí un profundo desencanto. No es culpa del lugar, ni de sus playas, ni de su gente. No se trata de echarle la culpa a nada ni nadie. Simplemente fui yo que me tomé muy a pecho los consejos de tantas personas que me decían: “Si o si tenés que ir a Byron Bay”, “No podes irte de Australia sin conocer ese lugar”, “Te va a encantar”, etc. Y fui al “Byron Bay real” con un “ideal de Byron Bay” que solo existía en mi imaginación. Lo que esperaba encontrarme no fue como lo que encontré, y ahí vino el proceso de “des-idealizar” el lugar.

Si hay algo que me dejó Byron Bay, además de una muela partida y el arreglo de urgencia del dentista, es la enseñanza de que cada vez que me recomienden un lugar que “tengo” que conocer,  debo aprender a “tomarlo como de quien viene”, como dice el dicho. Ya que cada lugar si bien tiene mucho del lugar, también tiene mucho de la construcción de ese lugar que hace cada persona de acuerdo a como lo vivió.
Así que después de esto, me propuse escuchar más, pero también darme la oportunidad de desobedecer más.

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Hermosa. Pero, para mí gusto, una playa más.

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Volando en Byron Bay

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Está de moda

Lennox Head

Y paramos en Lennox Head, le cocinamos empanadas a nuestros hosts, y nos quedamos un día entero encerradas en su casa, sin que nadie nos moleste, haciéndole compañía al perro. Sin culpa. Sin caer presas del: “si estamos cerca de la playa, tenemos que ir a la playa”. ¿Por qué?, ¿Y si queremos quedar tomando mates entre cuatro paredes todo el día haciendo nada más y nada menos que la nada misma?.

Después de que muchos nos dijeran: “vayan al mar y aprovechen el día”, se nos dió por preguntarnos: ¿quién invento los parámetros con los que se mide el aprovechamiento del día de la gente?¿Cómo miércole los define?

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Canguros a los costados de la Pacific Highway

Woolgoolga

Una vez que le sacamos el jugo a nuestros días de caverna en Lennox Head, apuntamos rumbo a Coffs Harbour, no sin problemas en el camino (para variar)… Nuestro amigo Pinki nos comenzó a pasar factura.

Viajamos un par de horas sin lograr llegar a destino y tuvimos que detenernos en una estación de servicio a dormir (Pinki no podía más). Así fue como dormir incomodas en el auto se había comenzado a convertir en nuestro estilo de vida (no duró mucho tiempo, por suerte).

Al día siguiente arrancamos el viaje tempranito para ver si de una vez por todas lograbamos llegar a Coffs Harbour, destino al cual no habíamos podido arribar el día anterior, pero fue en esta ocasión que Pinki decidió fallecer. Tuvo buen gusto en la elección: un pueblito pintoresco llamado Woolgoolga.

En Woolgoolga nos vimos forzadas a tener que desalojar el auto, tirar un par de cosas que traíamos, y tomar el colectivo directo a Sydney. Por su puesto que no sin antes ir  (finalmente!!!) a Coffs Harbour y sacarnos la famosa foto con la bendita banana.

Coffs Harbour

Llegamos a Coffs Harbour gracias a que la pareja que nos ayudó en TODO cuando se nos rompió el auto, se ofreció de buena onda a llevarnos.

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Por mas que el auto se nos haya roto, a la banana íbamos a llegar!

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No, no se trata de un país bananero ni nada por el estilo. Es un famoso parque de diversiones. No pude creer que atraiga a tantos turistas!

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En el patio de la señora que nos ayudó en Coffs Harbour te podías encontrar con plantas carnívoras como ésta por cualquier lado

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También te podías encontrar con situaciones de discriminación como esta. Pobrecito, no lo dejaron ni arrimarse al plato!

Sydney

De Woolgoolga a Sydney no paramos en ningún lado. Viajamos en colectivo y sin tener la posibilidad de detenernos en cuan pueblito se nos antoje. Valió la pena como experiencia, para conocer cómo se viaja en colectivo de largas distancias en Australia: muy mal. Los asientos prácticamente ni se reclinan y te obligan a dormir en una posición de 90 grados.

Todos los calambres, contracturas y nudos que fuimos adquiriendo a lo largo del viaje y como resultado de dormir “para la mier…”, salieron a relucir después de que dormimos en el primer sofá en Sydney.

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Piscinas con agua natural en Bondi Beach

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Y si, las piscinas de este estilo se ve que eran la onda del momento. Foto tomada en Cronulla

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Caminata por una de las zonas de Sydney: de Bondi Beach a Bronte

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Algunas imágenes de Sydney que no son del Opera house

 Una vez en Sydney, volvimos a nuestras rutinas: visitas al hospital, búsqueda laboral, caminatas, cambio de planes, muchas preguntas y pocas respuestas. Llegó un punto en el cual nos dijimos con Brenda: ¿Te das cuenta que no tenemos trabajo, ni donde vivir, ni siquiera un auto que nos salve las papas a último momento? Por un momento corrió un escalofrío por mi cuerpo, al pensar en la gigantesca adversidad, el destino, la impotencia humana y las formas de creer que podemos tener el control sobre eso.

Ya en Sydney, y después de las que habíamos pasado, decidimos cambiar de rumbo. Cambiaron nuestros propósitos, cambiaron nuestras metas, y cambiamos nosotras, que ya no éramos las mismas. (Como todo cambia, siempre).

Apostamos siempre que pudimos al viaje: cuando Brenda decidió terminar antes su contrato, cuando me fuí a trabajar al hostel de Emu Park, cuando esperé a Bren en Brisbane, cuando dimos de baja al trabajo de la granja, cuando pagamos fortuna en el mecánico… Me doy cuenta como un montón de decisiones fueron tomadas apostando al viaje. Pero no tener más el auto fue el punto final. Hasta ahí llego nuestra aventura por la Pacific Highway.

Brenda quedo en Sydney, y yo me vine a Melbourne, donde conseguí un trabajo de nanny por el tiempo que me queda en Australia.

Emerald

El lugar donde estoy es hermoso, lleno de vegetación, con mucho verde (hasta los troncos de los árboles tienen eso verde que, según leí una vez, es porque se respira aire puro en el ambiente). Estoy cuidando tres niñitos de una familia descendiente de India, aprendiendo algunas tradiciones indias, llevando un estilo de vida pro-natura (todo lo que se come en esta casa es puro y natural, orgánico, que cuida el medio ambiente y producido en Australia).
De vez en cuando me pego algún que otro viajecito “de relax” por algún lado, y otros días me dedico solamente a contemplar y percatarme de que tanta naturaleza puede existir en un lugar…

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Este es el camino que tengo que hacer para llegar a la casa en que estoy viviendo en Emerald

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Por la zona cruza un famoso tren conocido como “Puffing Billy”, tiene todo el estilo de los trenes de antes

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Árboles de manzana en la vereda pública. Nadie roba ni toca nada. Están intactos

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El Emerald Lake

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Atrás de mi casa hay un lago hermoso, ideal para tirar la moneda y pedir los tres deseos

 Eso es todo por hoy, gracias por acompañarme y ¡hasta la próxima!

Fuimos de paseo, pi pi pi
En un auto feo, pi pi pi
Pero no me importa, pi pi pi
Porque me llevo… tantas cosas!!! 

3 Respuestas a “Rompiéndola en la Pacific Highway

  1. Que lindo relato, la verdad es que lo unico que puedo decir es “FELICITACIONES” por semejantes relatos y por tu espiritu aventurero.
    Gracias por llevar a Avellaneda a los confines del mundo.

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