Australia: Doce meses y algunos des-balances

Australia: la soñé desde chica, y ya de grande, siguió formando parte de mis futuros destinos por conocer. Me cautivó. No sé cual fue su encanto. Que suerte la mía, que finalmente pude pisar su tierra.

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Tierra australiana I : Great Ocean Road

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Tierra australiana II: Grampians

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Tierra australiana III: Blue Mountains

La planeaba, la pensaba, primero en secreto, hasta que no pude ocultarlo más, y la gente que me rodeaba, mi circulo cercano, comenzaba a darse cuenta de que algo especial me pasaba a mí con este país.

Aún no sé por qué me despertó tanta curiosidad desde un principio. Pero, después de que varios me lo preguntaron, me fui formulando algunas hipótesis:
*Hipótesis número uno: me acuerdo de mi abuelo contándome historias sobre Australia, de ver mapas del país en su casa, de encontrarme con estatuas de canguros y koalas en varios estantes de la alacena, con repasadores estampados con el arte de aborígenes australianos. Creo que eso influyó bastante en mi elección.

**Hipótesis numero dos: al tener familiares en Australia (si bien nunca tuve mucho contacto con ellos e incluso a la mayoría no los conocía) , me llamaba la atención como vivirían, si seguían con las costumbres argentinas, como era su vida en Australia después de emigrar, como sobrellevaron el cambio, y varias preguntas más que me encaminaban a este lugar en busca de respuestas.

***Hipótesis número tres: Al encontrarse geográficamente en un lugar bastante alejado de Argentina, pensé que sería una buena oportunidad para experimentar todas esas emociones que de alguna u otra manera creo que uno no las percibe cuando uno está en su zona de confort; que estaría bueno para repensar y aprender a valorar muchas cosas, ir redescubriendome en un contexto diferente…

****Anteúltima, cuasi-hipótesis o hipótesis número cuatro: leí una vez algo sobre los tótems aborígenes en relación a los canguros (animal más representativo de Australia) que decía: “la principal lección que podemos tomar de los canguros es que nunca dan un solo paso hacia atrás. No es posible para ellos. Siempre van para adelante, incluso cuando dan vueltas haciendo círculos”. Hay algo en esto que me quedó resonando y, supongo, pudo tener que ver con mi decisión de darle comienzo a mi viaje a Australia…

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Mi vuelo a Australia hizo escala en el aeropuerto de Dubai. Muy lujoso, arquitectura ultra-moderna. De más está decir que me perdí unas … (no sé cuantas) veces.

Terminé psicología e inmediatamente me anoté en Aiesec, tuve mi primer y única entrevista a la semana siguiente, y cinco días después empezaba a armar la valija. Al mes, tomé uno de los vuelos más largos de mi vida (aproximadamente unas 33 horas volando, sin sumar escalas), y después de treinta y tres horas de viaje, escalas, retrasos, pasar del día a la noche en dos minutos en avión, la pérdida de un vuelo, estar varada y llorar en el aeropuerto de Dubai, check-ins, y varios trámites en migraciones, por fin la conocí.

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Recién llegada. Mis primeros pasos en Australia =)

Debo reconocer que no sentí nada cuando llegué, no caí que había llegado a ese destino que tanto había soñado alguna vez de chica. En ese momento no la supe apreciar.

Después de eso, viví tan intensamente el día a día, que tampoco la valoré demasiado. Simplemente me dedique a vivirla. Desde que llegué a Melbourne por primera vez, hasta hoy, unos días antes de partir, desde Melbourne otra vez.

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“Vení tal cual sos, quedaté tanto tiempo como quieras, somos todos una familia, sin planes de quedarnos sentados”

En Melbourne, llegué y me esperaba un hostel en St Kilda que dejaba mucho que desear, compartiéndolo con otras cuatro personas con las cuales ni hablaba. A la semana, Johana (Colombiana que también había ido de intercambio con Aiesec) y yo, pedimos para mudarnos. Unos días después ya estábamos viviendo en una casa compartida en Carlton, llena de viajeros de los cuales con muchos compartimos andanzas, cenas, caminatas, charlas, y otros con los cuales sencillamente no hubo feeling.
Después de todo, y si algo esta experiencia me dejó, es que uno no puede llevarse bien con todo el mundo. Inevitablemente con algunos habrá una química especial y con otros no, lo cual no quiere decir que unos sean buenos y los otros no.
En Melbourne enseñé español en la universidad, manejé computadoras, pizarrones y proyectores como nunca antes lo había hecho. Tuve que asistir a aburridas reuniones y completar aburridos formularios, perderme una y mil veces para encontrar un salón y adaptarme al ritmo universitario en otro país.
Aproveché también muchos de mis tiempos libres para recorrer el estado de Victoria. Tiempito que tenía disponible, tiempito que me dedicaba a recorrer ciudades, suburbios o pueblitos que había por la zona.

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Sovereign Hill, un suburbio de Ballarat, es una especie de pueblo decorado a la antigua. La gente está vestida como en los viejos tiempos.

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Todo en este pueblo está ambientado a la vida en Australia por 1850, los salones, los oficios que practican, las muestras, la gente (a excepción de quienes lo visitan).

Unos meses después, me movía a Frankston, un suburbio de Melbourne.
Allí viví por primera vez mi experiencia como Au pair, viví con una familia australiana, semi-cuidé a dos no tan niños de nueve y diez años, aprendí a jugar al fútbol a la fuerza (específicamente dos jugaditas de Cristiano Ronaldo), se me rompió un diente queriendo hacer una gran brutalidad: destapar la tapa metalica de mi reloj con la boca, viví mi primer mundial sola frente a la tele con una cerveza en mano. Cuidé sola una casa gigante en el medio de un barrio alejado de CASI TODO, me morí de miedo y me las aguanté, me hice cargo de la supervivencia de dos perros y cuatro peces, aprendí a manejar un auto al revés de lo que estaba acostumbrada y asimilé que para que no me choquen al cruzar la calle tengo que mirar primero siempre a la derecha. Dije que no iba a trabajar el día en que Argentina jugaba la final del mundial, me rajaron, me fui (otra vez: al cabo que ni quería dijo el chavo), miré la final Argentina-Alemania en un bar gigante lleno de argentinos, bailé cumbia y alenté junto a los pibes como nunca antes lo había hecho en mi vida, y perdió Argentina, y me fui a dormir, y se terminó la joda.

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“A la playa”. Frankston fue uno de los pocos lugares de Australia en los que encontré tanta gente en la calle (homeless) pidiendo dinero

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Frankston: Casitas de colores por aquí

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Casitas de colores por allá

Hasta que conseguí otro trabajo mejor pago (lo cual no implica que sea de mejor calidad). Es por esto que me moví a Rockhampton, a vivir por unos cinco meses trabajando como nanny. Tuve cuatro nenas (de dos a siete años) a mi cargo, y dos nenes (de tres y seis) en otro trabajo temporario. Cambié pañales por primera vez, preparé desayunos, almuerzos, meriendas y cenas, limpié mocos, jugué, junté juguetes, cepillé dientes, bañé, llevé y busqué pibitos en escuelas y jardines de infantes, parques y peloteros. Enseñé a usar el inodoro para hacer caca y pichí, miré  casi todas las películas para niños habidas y por haber, reí, me aburrí, lloré y me divertí con los chicos como nunca. Digamos que después de esta experiencia creo estar curtida por si algún día quiero ser madre. Pensé que no iba a poder, y pude. “Never say never”.

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Uno de esos requeteanhelados cortes de rutina de Rockhampton: Keppel Island

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Otro de esos cortes de rutina: Airlie Beach. Acá si que de vacaciones tirada en la playa con cocos y todo! Y bien merecido!

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En las playas se puede ver gente que vive de construir este tipo de obras. Cartel: “Tu amable donación de $1 – $2 crea trabajo. Gracias”

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Viajando puede que te pase que un muelle como éste se convierta en tu barrio…

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… y que un barco con esta vista se convierta en tu habitación

En Rocky también tuve mi problemita aquel día que me tuvieron que hacer un test médico y me sacaron sangre. Lo padecí y lloré tanto que no voy a poder olvidarlo nunca.
Viajé, ahorré, no salí a ninguna “disco” (me aburro), salí a un par de bares, me divertí mirando como bailaba la gente, hice un curso de fotografía on-line, leí, anduve en bici, compré un auto, sobreviví al frío veraniego y al calor recalcinante de Rocky, aprendí a cocinar un par de recetas de comidas que ni sabía que existían (¿quien diría eh?!). Me hice miembro de la cruz roja y realicé un voluntariado en el centro de salud mental “Walali”, fuí una sola vez a un Men´s shed, conocí a buenas personas y a mi después compañera de viaje, tuve un gran conflicto con mi jefe, abandoné “la casa de gran hermano” de un día para el otro, aprendiendo que en armar mi bolso y juntar mis cosas puedo tardar tanto como lo que tardo para ir al baño. Y me dí cuenta de cómo a medida que más me asiento en un lugar, más comienzo a acumular cosas innecesarias, cosas de las que puedo prescindir fácilmente, cosas que no necesito para vivir.

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Muestras de arte en Walali I

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Muestras de arte en Walali II

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Muestras de arte en Walali III

Y llegué Emu Park, gracias a dos buenos pibes alemanes que me hicieron la gamba. Me doy cuenta que, como dice la canción, “después de todas las tormentas sale el sol”. Siempre que me pasó algo malo, también tuve la suerte de poder vivir la contracara.
Allí comencé trabajando en el hostel Emus Beach Resort a cambio de alojamiento. Limpié una casa, trabajé en una lychee farm, aprendí que tan duro puede llegar a ser el trabajo en un campo, viví la tranquilidad del mar a solo cinco minutos de mi “casa” (digo casa a los lugares en los que paro por un tiempo y logro sentirme cómoda), hasta que tuve un accidente que me obligó a correr de clínica en clínica, de hospital en hospital, hasta Brisbane.

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Explorando mis distintas facetas: 1-juntando frutas en el campo (lychee farm)

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2- de niñera

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3- dando clases en la Uni

En Brisbane estuve unas tres semanas, la primera en el hospital y el resto en casa de couchsurfers. Primero pasé mis días en un barrio llamado Kelvin Groove, donde por suerte pude tener mi espacio, mi cama, mi tiempo para descansar y recuperarme, así como también tiempo de poder disfrutar de buenas charlas con dos chicos de Malasia que después de enterarse de mi situación (¡gracias Aiesec Brisbane!) se ofrecieron a hospedarme y a quienes les estoy sumamente agradecida. Después, gracias a un anuncio que hice circular en Couchsurfing Brisbane, tuve la suerte de recibir muchas respuestas positivas y de aliento de csurfers locales. Uno de esos tantos me hospedó en Taringa, y allí fue donde arrancó el viaje a lo largo de la Pacific Highway que hicimos junto a Brenda.
Tuvimos un par de inconvenientes en el camino: tener que llevar a nuestro auto al mecánico, buscar lugares donde poder hacerme los controles del ojo, y por último (y por si eso fuese poco), buscar un dentista a último momento porque me cayó un pedazo de muela.
(Fragmentos de lo que escribí en mi bitácora ese día: “Estoy teniendo mucha sal, no quiero creer tanto en esas cosas, pero bueno, parece ser que el azar me está jugando una no tan buena pasada.
Aunque me pesa, intento ponerle garra y verle el lado positivo: todo lo feo que me pasó hasta ahora tiene arreglo, tiene solución. Y cada vez que pasa algo malo, me doy cuenta que cuento con el apoyo incondicional de las personas que justo se cruzan en ese momento por mi camino. Por lo tanto, y a modo “una de cal, una de arena”, cada vez que el azar me juega una mala, al mismo tiempo me está jugando otra buena: las personas con sus buenos gestos que tengo alado y no me doy cuenta.
Por eso, agradezco que todo lo malo que me pasa por vivir viajando (que sería lo mismo que me pudiese pasar no viajando, pero con otro contexto), trae algo bueno adjunto. Agradezco que estoy aprendiendo a valorar mucho más las pequeñas muestras de hospitalidad de la gente y que siempre tuve una solución a mis problemas. Gracias Dios, gracias universo, gracias a quién/es sea. Porque no solamente estoy aprendiendo a volar, porque también estoy aprendiendo a caer”).

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Fin de la Pacific Highway (por lo menos para nosotras): Sydney.

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“El sol no sabía que tan hermosa era su luz, hasta que se vio reflejado en esta construcción” así describe a esta obra el arquitecto L. Kahn

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El Opera House por dentro, en el salón principal. Me pregunto como hará para conservarse intacto después de que siete millones de personas pasan por ahí cada año.

Finalmente acá estoy otra vez, en Melbourne.
Llegué  hace un mes y medio, y no puedo creer que en unos días estaré pisando suelo Argento.
Puedo decir que en este tiempo que viví en Emerald (lugar de Melbourne en el que me encuentro) conviví muy de cerca con una familia proveniente de India, con muchas tradiciones Indias, y aprendí un poquitito más sobre esa cultura que me está llamando de a poquito (¿Quién dice no sea mi próximo destino? jeje). Enseñé una vez más canciones como las de “la vaca lola”, “la gallina turuleca” y “el sapo pepe”, cambié más pañales, conocí más lugares, me reuní nuevamente con parte de mi familia Sartor viviendo en Melbourne, empecé a comprar algunos souvenirs (no muchos por las dudas) y me puse a armar nuevamente mi valija, esta vez un poco más tranquila y con más tiempo (en comparación a la forma en que la venía armando últimamente: a las corridas).

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Melbourne de noche puede llegar a ser taan romántica =)

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Y siii, y siii (diría Listorti), la noche de esta ciudad me sedujo

Y fue cuando empecé a armar las valijas que comencé a tener un encuentro de emociones, confrontaciones de ideas, miles de preguntas, y muchísimos revuelos internos. Es como que voy haciendo el “click” de que me voy de Australia, voy cayendo.
Ya empecé a llorar. Extraño Australia, sin siquiera haberla dejado. Lloro, pero no por tristeza. Es por el mismo cambio.

Creo que después del viaje “de precalentamiento” (así lo llamo yo) a Estados Unidos y ahora este más “de enserio” a Australia, me voy dando cuenta poco a poco de como quiero vivir, de que formas, rodeándome de que personas y con qué tipo de energías que aporten a mi vida.
Vuelvo, por un tiempo, porque creo que esta vuelta va a aportarme un crecimiento.
Tengo mis miedos, no lo voy a negar, porque creo que si bien descubrí que es lo que me gusta, temo un poco a que al volver todo el “debes hacer” me juegue una mala pasada y comience a hacer de mi lo que los otros pretenden de mí y no lo que yo realmente quiera. Ese es uno de los miedos que tengo, pero al que no le esquivo y estoy dispuesta a enfrentar. Después de todo fui yo quien decidió volver.

Admito que es necesario –para mí- este paso, pero me duele. Y es un paso necesario porque además de darle una especie de “corte” al viaje y permitirme apreciar las cosas retrospectivamente desde otro ángulo, de alguna forma también es porque decido ver a este paso como un desafío que me pone cara a cara con quien era yo antes de salir de viaje y con tener que romper con mis propios paradigmas. Siento que para poder crear es necesario comenzar a desarticular lo anterior. Así que ¡manos a la obra!, si viajar tiene que ver con tomar decisiones, también tengo que estar dispuesta a convivir con las consecuencias de mis decisiones.

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Acá estamos abiertos al cambio

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Melbourne con sus tan característicos trams… y otras yerbas

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En Melb, el arte llega a cualquier rincón

En estos doce meses viví por más de un mes en dos grandes ciudades, recorrí treinta y cuatro pueblos, me tomé nueve aviones, me perdí en siete aeropuertos, leí nueve libros, me enfermé cuatro veces, trabajé en cinco lugares distintos, visité cinco hospitales, recurrí una vez a la secretaría del trabajo, fui una vez a la policía y dos al dentista, viajé siete veces en colectivos interurbanos y una vez en lancha, me moví en trenes, trams y subtes, me metí cuatro veces al mar y dos veces a la pileta con ropa , jugué una vez en la nieve, dormí en veintidós colchones distintos, acampé por tres noches, ví un océano, dos serpientes, tres ornitorrincos, me atacó cuatro veces un magpie , me pico una vez una avispa, casi me multan una vez, alquilé una bicicleta, saqué a pasear tres perros distintos, cuide de cuatro pollos, trabajé cuidando once niños, comí dos ostras y una hamburguesa de canguro, vomité una vez, aprendí a cocinar cinco nuevas recetas, conocí dos universidades, presencié una protesta, probé seis variedades de vinos y veinte de cerveza, adelgace tres kilos y engordé siete, recurrí cinco veces a los fideos y me fui a dormir una sola  vez para no pasar hambre.

Después de este desbalance,  no puedo creer que tanto haya cabido en doce meses. Ayer volví a mi punto de partida en Melbourne y me di cuenta de cuantas cosas cambiaron desde aquella vez, “cuanta agua ha pasado bajo el puente”. Y me sentí distinta (ademas de por los kilos de más y mi nuevo look con anteojos). Sentí que este viaje no fue en vano.

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Recién llegada a Australia, entre tantos miedos e incertidumbres no me quedó otra que aferrarme a un poste de luz =P

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Uno de mis últimos días en Australia. En el mismo lugar que estuve el primer día, pero con miles de vivencias que me llevo en lo más profundo de mi alma. (Esta vez aferrada al poste porque me esta costando despegarme del lugar)

Quiero terminar este post agradeciendo:
Gracias Australia por darme la oportunidad de venir con una visa working holiday de intercambio, a trabajar, viajar, ahorrar o hacer lo que se me plazca (siempre dentro de tus normas y regulaciones, por supuesto!). Gracias por la calidez de tu gente, la belleza de tus paisajes, la tranquilidad de tus pueblos y el encanto de tus ciudades. Gracias por tus animales, que me asombraron y dejaron boquiabierta cada vez que me dispuse a contemplarlos.

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Animales australianos I: no sé el nombre “científico”, solo se que aquí fue la primera vez que vi una “vaca peluda”

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Animales autralianos II: el ornitorrinco. No se lo encuentra en todas partes, pero forma parte de la serie de animales característicos del país (junto al canguro, koala, emú, cocaburra, etc…)

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Animales australianos III: Canguros. Es tan bonito observarlos cuando salen a comer al atardecer!

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Animales australianos IV: Tiburones. Casi casi que la foto fue desde adentro eh!!

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Animales australianos V: estos patos son una plaga

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Animales australianos VI: estas gaviotas estaban de piquete, no dejaron pasar al auto hasta que no entregaron el morfi

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Animales australianos VII: Cacatúas que observan sigilosamente

Gracias a la parte de mi familia que me apoyó en este proyecto de venirme al otro lado del mundo y también a los que, aún no compartiendo mi idea, me acompañaron y estuvieron a mi lado.
Gracias a mis amig@s de Avellaneda y Rosario, que fueron mi cable a tierra y me acompañaron virtualmente a lo largo del camino. Gracias a los que estuvieron ahí presente, tanto cuando los necesité como cuando no.
Gracias tecnología, por hacer que las distancias se reduzcan y pueda sentir que la persona con quien hablo está acá, a mi lado (solo faltaría el invento de poder pasar el mate vía internet jeje).
Gracias a todas aquellas personas que crucé en el camino y me ayudaron de alguna u otra forma o simplemente me regalaron una sonrisa. Gracias también a las que pusieron “palos en las ruedas” por darme la oportunidad de valorar mucho más a quienes me dieron una mano y a confirmar que tan cierto es el dicho “lo que no mata fortalece”. Gracias a quienes me dejaron algo de sí como así también se llevaron algo de mí.
Gracias destino porque hiciste que encontrara en el camino amigos que todavía no conocía y por hacer que cada quién, con sus particularidades y aportes, haya contribuido a hacer de esta experiencia algo único, especial.
Gracias a la ruta por llenarme de anécdotas y aprendizajes que nunca voy a olvidar.
Gracias a mi familia aquí en Australia por darme una mano siempre y por su apoyo incondicional.
Gracias a las plataformas de CouchSurfing, Aiesec, AupairWorld, por ser herramientas tan valiosas en mi viaje.
Gracias vida, porque a pesar de los altibajos a nivel salud, emocional, sentimental, me diste la oportunidad de ponerme a prueba y vivir esta experiencia sin bajar los brazos por más fuertes que soplaran los vientos.
Gracias viaje, por cambiarme, por permitirme descubrir que es lo que amo hacer, por desafiarme constantemente y ayudarme a mantener encendida la chispita de querer seguir viajando.

Y gracias abuelo por acompañarme en este viaje que siempre soñamos hacer.
(*****Y esta es mi última hipótesis del porque estoy en Australia).

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Mi abu, que en paz descansa

Hasta siempre Australia!

5 Respuestas a “Australia: Doce meses y algunos des-balances

  1. ¡Amiga colombiana! ¿enserio me dices? ¡como voy a olvidarme de ti! ¿como olvidar nuestras andanzas y la linda amistad que aquella vez forjamos? La verdad que releer esto me hizo volver en el tiempo a mí también y me dió mucha nostalgia. Siento que contigo se fue una partecita mía y otra partecita tuya se quedó conmigo. Tengo muchísimas ganas de visitarte en Colombia y de que viajemos en la combi que alguna vez soñamos (aunque sea por tu país!) Ojalá suceda pronto =) te mando un abrazo fuerte, de corazón

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  2. Aye, este articulo me permitió devolverme en el tiempo (La universdiad, St Kilda, tus mates, largas caminatas, las cenas culturales en la casa de Geoff… tantas experiencias vividas, como extraño aquellas épocas :(, me encanta ver tus fotos y saber que estas cumpliendo ese gran propósito del que algún día me hablaste 😀
    Espero no me hayas olvidado y algún día te eches una pasadita por Colombia.

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  3. Resulta increíble que podamos viajar a través de tus relatos e imágenes…! Sigue adelante…! Ustedes, los jóvenes, son los hacedores de un mundo sin fronteras.Felicitaciones…!

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  4. Estoy gratamente sorprendido con este relato, y eso que apenas lei una parte,una narración agil,fresca y muy amena.- Es muy lindo encontrar gente que hace lo que siente y le gusta,venciendo problemas y dificultades que paralizarían a mas de uno.- Bravo.-.Adelante.-

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